Hace pocos días, las autoridades de Ecuador informaron sobre el rescate de una niña de 10 años que había sido traficada desde Perú a través de la frontera para ser entregada como esposa.
El operativo se llevó a cabo en la localidad de Espejo, ubicada en el río Tigre, en la amazónica provincia de Pastaza, donde fue capturado un hombre de 50 años que pretendía casarse con la menor, según reportó la Fiscalía ecuatoriana.
El individuo fue acusado de tráfico humano para matrimonio servil, una práctica que consiste en proveerse de una mujer, muchas veces menor de edad o contra su voluntad, para casarse o convivir con ella.
El operativo se dio después de una investigación de dos meses, cuando las autoridades en la frontera siguieron la pista de otros dos casos de tráfico de menores, lo que puso en evidencia una problemática sostenida no solo en esta región sino en varias partes de América Latina: los matrimonios infantiles que, en algunos casos como el de Ecuador, son además forzados.
La práctica del matrimonio con menores también se conoce como unión temprana y, de acuerdo con Unicef, una de cada cuatro menores en América Latina y el Caribe ha sido objeto de matrimonio infantil o ha iniciado una unión temprana, con menos de 18 años.
Pero más allá de los datos absolutos, la estadística que más preocupa a los especialistas es que América Latina es la única región que no ha presentado una reducción significativa de estos casos, si se compara con otras zonas del planeta.
Por ejemplo, en África subsahariana, la región con mayores casos, el porcentaje es más elevado (cuatro de cada 10 menores) pero la tendencia ha ido a la baja y en los últimos 25 años se han impuesto controles y frenos que han logrado reducir el número de matrimonios tempranos.
«Una de las principales razones por la que esto ocurre es que, debido a la pobreza, el acceso limitado a la educación y las pocas oportunidades económicas, así como por la exposición a la violencia, muchas niñas buscan seguridad, estabilidad económica o una mayor autonomía en sus uniones», le dice a BBC Mundo Alma Burciaga González, vocera de la organización Girls Not Brides (Niñas, no Novias) para América Latina y el Caribe.

